
Habiendo fracasado en todo, iba a dedicarme totalmente a aquello que en realidad me importaba, sin importarme nada más.
Sobre los fracasos diré que son verdaderos, reales, hirientes, y que fracasando muy seguido, un hombre, cualquier hombre, siente que su vida es un infierno.
Pero, ¿qué es el fracaso sino la negación de nuestros propósitos, el caldero donde nuestra ambición se desengaña, la mirada oblicua a nuestro corazón desangrado?... ¿qué es el fracaso?... sino la oscuridad en la que nos vemos, la voz que nos dice, la canción en la que escuchamos que siempre, siempre que lo intentemos, allí estará acechando el fracaso.
A mí, pocas cosas me aburren más que el fracaso, quizás por mi mucho fracaso.
Fracaso es opuesto a logro, aunque la vida misma es un locro hecho de logros y fracasos: el logro es valioso frente al abominable fracaso, del que nadie habla.
Y nadie habla ni dice que su vida es una sucesión eterna de fracasos, porque en el fondo cree que escupirían todos sobre él si supieran que ha dedicado toda su vida a fracasar, con vocación y talento. Entonces calla, pero cuando nadie lo mira, en la soledad de su baño se escupe a sí mismo.
Y a sí se ve, en el fondo de un vaso, en una cama fría, con el aliento denso de tabaco, soledad y alcohol. Podría decirse que lo han despellejado vivo y su cama le arde, y le quema y confunde todas sus palabras y entonces grita, y no lo puede creer, pero está vivo. Aunque deseara estar muerto.
Porque así pega el fracaso.
Y veo toda la ciudad, y todo el fracaso, y toda la muerte y me siento desnudo...
nadie acompaña mi mirada en el parque, y nadie me cree nada, y nadie quiere nada con aquel que sabe cuánto ha fracasado. Y me he inventado este cuento a sabiendas que hasta el que ha fracasado escribiendo cuentos, puede escribir un cuento acerca del fracaso.
Colorín-colorado, este cuentito ha fracasado.