que, aunque parezca mentira, cachito era Zubiría y no Escalante, aunque fuera su hijo, de él, su primogénito...
¿Porqué?, me pregunté yo.
Sospechando que debajo de semejante título se ocultaba una tragedia edípica, algo humano y oscuro.
¿Porqué?, pensé.
Tal vez, y a pesar de todo, Cacho Escalante en su vida se preguntó si había sido padre, y en el caso de que lo hubiera sido, hubiera sido también el que sepultó la vida de otro hombre, su hijo, llamándolo cachito; y que esa otra pequeña diferencia del apellido, salvó a cachito de la indiferencia y la ignominia, aún cuando llegó a ingeniero, junto al esfuerzo de una madre que peleó la vida palmo a palmo junto a su hijo.
Digo esto y me imagino los vaivenes afectivos de cachito hacia sus padres.
-¿A quien querés más, a mamá o al Sr. Escalante?... porque si bien casi siempre caen fuera de la ironía los esfuerzos de una madre por sus hijos, nosotros nos esforzamos y notamos un dejo de cinismo en la madre de cachito, alentado tal vez por la actitud cobarde de Cacho Escalante, abandonando a Juana Sepúlveda en la noche en que daba a luz a su primo infante, la luz de sus ojos, cachito. Eso fue infame.
Y no queriendo caer en la cuenta de cuántas injusticias se sumaron a la vida de esos dos seres abandonados, haciendo oidos sordos a la desgracia ajena, me imagino que cachito tomó el apellido de un primo de su madre, un hombre al que una vez había querido. Y fue Gonzalo Zubiría, su tenaz tutor y encargado, quien lo apadrinó en la Facultad de Ingeniería, hasta que Oscar Zubiría recibió su título de Ingeniero.
De Oscar Escalante diremos que desapareció totalmente de la vida de cachito, pero que hoy, sin sospecharlo, hace la limpieza nocturna de la oficina en donde, durante el día, trabaja su hijo.